lunes, 31 de agosto de 2009

Me incendias


Dos ojos bastaron. Venían en compañía de amigos inseparables llamados diamantes de luz. Sus aleteos produjeron el viento que alimentó la rápida deflagración. Sin ánimo de parecer inocentes, los presuntos culpables trabajaron conjuntamente sin realmente saberlo. Se les vio en el lugar de los hechos junto a dos labios con la fina textura de un huevo duro y también una lengua que abrazaba algodonada. No hubo solución ni previsión posible. La también presente piel de fruta azucarada creó el cerco perfecto. La principal víctima no pudo luchar, se baraja la hipótesis de una entrega suicida. Actualmente las llamas son más altas que nunca, pese a que se cree que no fue intencionado, se busca a los autores de los hechos sin descanso.

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