Lo peor que le ha pasado a mi soledad fue perderte, a mi alma tus laberintos.
El invierno nunca me enfermó pero esta vez, la cura parece estar mucho más lejos que el verano.
Tiemblan mis labios al respirarte, sabiendose con tanta certeza el combustible de mi vida como que nunca te volveré a ver.
No lo consigo, lo siento, fallo, una vez más, te escribo llorándote, te escribo gritándome, me vuelve a doler echarte de menos.
domingo, 5 de diciembre de 2010
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